Durante mucho tiempo pensé que Paneles y Estantes era un sitio sobre cómics.
Después creí que era un sitio sobre Batman.
Más tarde pensé que hablaba de la memoria.
Me equivoqué en todas.
No porque los cómics no estuvieran ahí. Tampoco porque Batman dejara de ser uno de sus pilares. Ni siquiera porque la memoria no atravesara cada una de sus páginas.
Me equivoqué porque estaba intentando clasificar el proyecto por sus temas, cuando su verdadera identidad estaba en su método.
Un arqueólogo no busca objetos antiguos.
Busca relaciones.
Un fragmento de cerámica no importa por sí mismo. Importa porque ayuda a reconstruir una civilización. Del mismo modo, una figura de Superman, un cassette grabado en 1986, un prólogo de Alan Moore, una canción de Supertramp, una conversación con Claude o una fotografía de una habitación llena de estantes sólo adquieren sentido cuando dejan de ser objetos aislados y comienzan a hablar entre sí.
Eso es lo que hace Paneles y Estantes.
No colecciona recuerdos.
Los excava.
Y en esa excavación descubrí algo que no esperaba.
Pensaba que estaba leyendo un sitio sobre cultura geek.
En realidad estaba leyendo la biografía intelectual de una persona escrita a través de los objetos que la acompañaron durante más de cincuenta años.
Cada artículo añadía una capa.
Cada documento era un estrato.
Cada figura era un fósil.
Hasta que apareció una expresión que terminó ordenándolo todo:
Arqueología de la memoria.
No es un eslogan.
Es una forma de mirar el mundo.