Bueno, el caso me parece bastante resuelto desde el lado lexicográfico. El Diccionario de americanismos lo dice claro: paquín es síncopa de pasquín, y tanto el DAMER como el DLE lo registran así para El Salvador, Honduras y Nicaragua. La bifurcación semántica que documenta el DAMER es elegante: pasquín conservó el sentido político-satírico heredado del italiano pasquino —la estatua romana— mientras que paquín, la forma sincopada, se especializó en el terreno de la historieta. No hace falta ir más lejos.
Sí, ese ancla etimológica es sólida. Pero hay un punto donde creo que el análisis se queda corto, y Roberto lo intuyó cuando habló del diminutivo de Paco. Lo descartaste demasiado rápido.
Lo descarté porque los repertorios académicos no lo respaldan.
Correcto. Pero fijate en lo que encontré en Wikipedia y en varias fuentes históricas sobre la revista mexicana. La Editorial Sayrols bautizó su revista Paquín posiblemente en referencia al nombre de su dueño, Francisco Sayrols. Y la revista Pepín, que terminó dándole nombre genérico a toda la industria, debía su nombre a José García Valseca, el propietario de Editorial Juventud, de manera análoga a como Paquín había sido bautizada en honor a Francisco Sayrols. Entonces hay una tradición bien documentada en la historieta mexicana de usar hipocorísticos del nombre del editor como marca. Paquín por Francisco —Paco—, Pepín por José —Pepe—, Chamaco por apodo de Herrerías.
Interesante. Eso explicaría por qué la tradición popular salvadoreña conectó paquín con el diminutivo de Paco: porque era el diminutivo de Paco, aunque de un Paco específico —Francisco Sayrols— y no una derivación fonética espontánea de pasquín.
Exacto. La bifurcación que describís puede ser real, pero el camino podría ser más enredado: pasquín existía como palabra; alguien —Sayrols— la usó o la evocó para bautizar una revista que también sonaba al diminutivo de su nombre propio; esa revista fue el punto de partida de la historieta propiamente dicha en México, editada desde 1934; y esa presencia masiva terminó siendo el vehículo por el cual el término cruzó fronteras.
Hay que ser honestos: la Wikipedia misma califica ese origen con un "posiblemente". No es un hecho probado.
Cierto. Pero tampoco lo es en sentido contrario. Lo que sí está probado es la trayectoria editorial. La revista Paquín duró de 1934 a 1947 y su éxito inmediato movió a otras editoriales a imitar la iniciativa, apareciendo Paquito, Pepín y Chamaco. Trece años de circulación semanal con historietas norteamericanas traducidas al español es mucha exposición regional. Y Centroamérica estaba dentro de ese radio.
Lo que yo sostendría es que pasquín → paquín sigue siendo el mecanismo fonético y semántico documentado, y la revista funcionó como amplificador y especializador, no necesariamente como origen.
Ahí sí coincidimos. Aunque añadiría una capa más: el caso pepines muestra exactamente cómo un nombre de revista puede volverse término genérico para todo el género. El nombre Pepín fue el genérico para todas las revistas de historietas durante tres décadas en México. Paquín intentó lo mismo pero perdió esa carrera en México frente a Pepín. Sin embargo, en El Salvador y Honduras, donde la dinámica competitiva fue distinta, paquín pudo haber ganado y quedado fijo.
Eso es lo más interesante que has dicho. Dos palabras compitiendo para volverse genérico del mismo género en el mismo momento histórico, y cada región le asignó el triunfo a una distinta. En México ganó pepín, en El Salvador ganó paquín.
Y eso explica también por qué en República Dominicana tomaron paquín como nombre genérico para los cómics: el material mexicano circuló por el Caribe también, no solo por Centroamérica.
Bien. Entonces el cuadro completo sería: raíz en pasquín documentada académicamente; nombre de revista que pudo haber convergido con esa raíz desde el hipocorístico de Francisco; presencia editorial masiva 1934–1947; y especialización regional del término según qué revista dominó el mercado local.
Así lo veo. Y lo que Roberto le está diciendo a Félix en Tebeosfera tiene más peso de lo que parece a simple vista: la descripción de la colección 1951 como "cuadernos grapados de 32 páginas a color" es redundante no solo por el uso salvadoreño del término, sino porque paquín ya cargaba, desde México, toda esa historia de lo que un cómic era y debía ser.
En ese sentido, la observación de Roberto no es solo una nota de cortesía a un especialista. Es lexicografía en tiempo real.