Navidad de 1973. Santa Claus nos deja a mi hermano y a mí dos regalos en el árbol. Mi hermano abre el suyo: era Big Jim. Yo abro el mío: era Big Josh. Ese evento, y la costumbre de mi mamá de coleccionar miniaturas plásticas de personajes de Walt Disney, me trajo el vicio intermitente — primero de 1973 a 1985 y después de 2003 a la fecha — de coleccionar figuras de acción.
Y no se puede decir que a mi mamá la atacó el virus de la Madre Acechante pocos años después. Ella ponía sus miniaturas en un mueble de madera con vitrina, ordenadas... y bajo llave. Es decir, ORDEN sobre todo.
Era todo un evento cuando abría la vitrina... o cuando nos atrevíamos a abrirla con una llave guardada con un manojo de congéneres en una bolsita de cuero azul oscuro (algo que no recuerdo debió pasar con esa llave para tenerla en mente con tanto detalle...).
El Big Jim de mi hermano aún lo conservo. El Big Josh ya no. Mi hermano fue más cuidadoso que yo hasta 1975, cuando en esa Navidad mi papá repitió el rito: para mi hermano, otro Big Jim. Para mí, Big Jeff. Pero antes de eso, en agosto mi papá debió llevarme a Miami por segunda vez con el alergólogo de su confianza. Fui un niño asmático, y en esos años no había especialistas en El Salvador. Y traigo eso a cuenta porque el viaje, aunque me hicieron las traumáticas pruebas de alergia, fue feliz no sólo porque volví a ver a Mickey Mouse, sino porque mi papá nos compró buena parte de la colección de Mego Superhéroes: estoy seguro que entre las figuras compradas estuvo el Guasón y el Pingüino. Hubo más pero no puedo indicarlo con precisión.
Y en las siguientes navidades hubo más figuritas, porque si no contamos los comprados en el viaje a Miami y uno que él hizo en 1978 cuando nos trajo la primera tanda de los 12 originales Kenner de Star Wars, en la casa se cumplía a rajatabla que regalos sólo en dos ocasiones en el año: cumpleaños y navidad.
Mi papá era un genio para hacernos creer que verdaderamente Santa Claus nos llevaba los juguetes. Ya en 1976 no es que creyéramos que existía el gordo vestido de rojo: es que nos sorprendía cómo es que aparecían de improviso, y no solamente en el árbol. Hasta que un día de noviembre de 1977, jugando con una pelota de tenis, mi hermano descubrió el set del Lazervette de Big Jim P.A.C.K. debajo de mi cama... momento agridulce. Nos hicimos los desentendidos el 24 de diciembre para no bajonear a mi papá.